Voló.

Llevaba más de dos horas caminando descalza y cuando miró sus pies ni siquiera recordaba haberse quitado los zapatos. Y es que tenía tantos pájaros en la cabeza, que le brotaban alas de la boca. "Tú no eres de este mundo" -le dije-. Y ella estaba tan segura de eso que dio las gracias al cielo. Vivía con los ojos cerrados, para mirar hacia dentro; bailaba en silencio con la música de sus sueños y para que no la encontrasen, jugaba a esconderse de sus malos recuerdos. Cuando la vi aquella tarde, me besó en los labios. Fue un beso de viento. Del viento que levanta las hojas dormidas en el asfalto o que sin previo aviso arranca los pétalos de una amapola. Y así me quedé yo cuando el viento pasó

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© Mara Saiz Photo / marasaiz.photo@gmail.com

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